Soluble

Este cuento obtuvo Diploma de Honor en el Concurso "Mi Historia Cotidiana" en 2024

El cuarto oscuro, tenebroso, una ínfima luz me ilumina. Las tablas de la mesa parecen el único lugar de resguardo ante tanta exacerbación de placeres.

El aroma herbal amargo se presenta atrapado en la botella que detrás de la luz transforma ese líquido adictivo en un elixir celestial.

Mi existencia se ve efímera, simple, dulce y palpable mientras su mirada furtiva controla todos mis movimientos. Descanso en ella, una "cuillère à absinthe", así la llamó él cuando la trajo de La Maison Giffard, obsequio de su amiga Emile Giffard. Su cuerpo es plano, frio, metálico, con sus dibujos floridos y arabescos que señalan mi fatídico destino. Observo el agua ondulada, desafiante, transparente.

La inclinación hace cada vez más difícil mi permanencia mientras esos ojos amarillos impávidos observan mis lados, congruentes, perfectos

Él quiere crear esa dualidad que lo consume derivada de mi caída hacia aquel precipicio acuático: el amargo y el dulce, lo bello y lo decadente, lo que eleva y lo que consume. Es un pequeño objeto cargado de significado, testigo de la bohemia, la inspiración creativa y, a menudo, del sufrimiento que acompaña a la búsqueda de lo sublime.